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jueves, 19 de febrero de 2015

Lo nefando de la homosexualidad. Revisión crítica de la transgresión sexual en el mundo prehispánico*

Ilustración. Luis Alberto Mejía Montaño
Y acontecía meterse en este baño (temazcal) muchos hombres y mujeres, y allá dentro, con la calor, hombres con mujeres y mujeres con hombres y hombres con hombres, usados ilícitamente. En México había hombres vestido en hábitos de mujer y éstos era sométicos y hacían los oficios de mujeres, como tejer e hilar, y algunos señores tenían uno y dos para sus vicios” narra el Códice Tudela, serie de pictografías mexicas elaboradas entre 1533 y 1554, pocos años después del contacto entre españoles y culturas prehispánicas.

Otro códice del mismo conjunto al que pertenece el Tudela, el Nutall, hace alusión a que al interior de los temazcales “usaban en estos baños otras vellaquerìas nefandas, hacían bañarse indios o indias desnudos en cueros y cometían dentro gran fealdad y pecado en este baño”, sin hacer referencia explícita a actos sexuales entre personas del mismo sexo pero dejando abierta la posibilidad de que ocurrieran.

Las crónicas y documentos elaborados por los frailes evangelizadores también advierten la existencia de personas que cometen actos carnales con personas de su mismo sexo. El monje franciscano Fray Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino, un documento recopilador del conocimiento de la cultura nahua a partir de los testimonios de hijos de nobles indígenas elaborado medio siglo después del contacto cultural, da fe de prácticas homosexuales “entre los naturales de las Indias”.

De igual manera, soldados como Hernán Cortés o Bernal Díaz del Castillo aluden a la constante ocurrencia del “pecado nefando contra natura” en las diferentes poblados por los que pasaban en todos los sectores de las diferentes sociedades por las que transitaban.

Los dioses ambiguos

A diferencia de la visión cristiana, el panteón mexica presentaba dioses y diosas que tenían aspectos masculinos y femeninos. Centeotl (dios del maíz) o Metetotl y Mayahuel (deidades del maguey) son ejemplo de ello, pues al dios del maíz, para la fiesta Uey Tozoztli, se le representaba con rasgos de mujer y un tocado de hombre.
A la deidad que más se le ha relacionado con la homosexualidad es a Tezcatlipoca o “el espejo que humea” debido a que era representado con un espejo en lugar de un pie. Era muy importante en la cosmogonía mexica, pues lo calificaban como todopoderoso y presente en todas partes y el que regalaba bienes aunque también tenía su cara negativa porque los bienes que regalaba también los quitaba y traía dificultades, problemas y enfermedades. Además de ser nocturno.

Tal vez por esa razón, sus actitudes caprichosas para sembrar discordias y sus connotaciones negativas, en algunos pasajes del Códice Florentino lo tachan de cuiloni, aunque es la única fuente que lo hace, y por tanto, no hay certeza de que haya sido concebido como tal, pues, como señala Doris Heyden, al ser concebido como el dios supremo, rector del destino de los hombres, y por ende ser la deidad más importante motivo a otros frailes a pensar que en el mundo mesoamericano si era posible el monoteísmo.


Los términos
Algunos autores han identificado una serie de palabras como xochihua, cuiloni, patlachuia como términos que describen a las personas de sabidas conductas homosexuales.

El vocablo xochihua ha sido traducido como “el que es homosexual” o “pervertido”, literalmente significa “el que porta la flor”. De acuerdo con Sahagún, “el xochihua se vestía como mujer, hablaba como mujer, corrompía, confundía y engañaba a las personas y poseía la flor”, sobre esto último, autores como Peter Siga han interpretado dicha frase como “el que tiene el deseo sexual”.

La palabra cuiloni, según Sahagún, significaba “puto, excremento, corrupción, pervertido, perro de mierda, mierducha, infame, corrupto, vicioso, repugnante, asqueroso, afeminado, el que se hacía pasar por mujer”, e incluso, según otros autores, el “puto que padece”, es decir, de corte pasivo.

Sobre el término patlachuia o patlache, la definición dada por el fraile franciscano es la de “mujer inmunda, mujer con pene, poseedor de un pene erecto, la que esta con una mujer, procura mujeres jóvenes, la que se ve como hombre, la que lo hace con otra mujer”. Fray Alonso de Molina, autor del diccionario Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, dice que significa “la mujer que lo hace con otra mujer”.

Este término tiene una connotación curiosa debido a que por su representación en el Código Florentino se le tradujo como hermafrodita.

Otro vocablo encontrado en el diccionario es el de yollococoxqui (enfermo del corazón), traducido por Molina como "loco desatinado", aunque la palabra cocoxqui, además de enfermo, también significaba homosexual o afeminado o el que lo hace a otro, en clara referencia al ser activo en una relación carnal.

En el mismo vocabulario, Fray Alonso refiere la existencia de la palabra cuilonyotl, que significaba “pecado nefando de hombre con hombre” y cuilontia, cuya traducción era “comete pecado nefando”.
La existencia de dicho términos es muestra de que el tema de la homosexualidad no era ajeno a las culturas prehispánicas, sin embargo, las traducciones realizadas por religiosos y soldados podrían no reflejar el significado real de dichas palabras o dejar comprender en su totalidad como se concebía a la disidencia sexual en las sociedades prehispánicas.

El pecado nefando

La descripción sobre la homosexualidad en el mundo mexica prehispánico tiene diferentes aristas. De acuerdo con el historiador Guilhem Olivier, por un lado, los testimonios recopilados por los frailes muestran reacciones de asco y rechazo hacia las prácticas homoeróticas, pero también cierta condena al hecho. Esto es visible en la última parte de la descripción del cuiloni elaborada por Sahagún, en la cual menciona “Se hace pasar por mujer. Merece ser quemado, merece ser puesto en el fuego”. Al sugerirse una sanción a la conducta, los frailes, asegura Olivier, elogian de alguna manera la moral prehispánica al asegurar en sus relatos que cada vez que se descubre un acto de sodomía, es castigado.

La visión de los soldados es de que en los pueblos mesoamericanos hay una permisividad social de la homosexualidad y dichos actos van muy de la mano de las ceremonias rituales donde había antropofagia, como se lo describe Hernán Cortés al rey Carlos I de España en sus cartas “…aun allende de lo que hemos hecho relación a Vuestras Majestades de los niños y hombres y mujeres que matan y ofrecen en sus sacrificios , hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado”.

En ambos casos, tanto conquistadores como frailes traducen los términos indígenas para nombrar a las personas homosexuales como sodomita, en franca alusión al pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, cuyo contenido rememora el castigo de Dios hacia los habitantes de la ciudad de Sodoma por haber “conocido” (término con el que se sobreentiende “hacer suyo”) a un par de ángeles varones.

Las palabras pecado nefando hacían alusión a la gravedad de la falta, desde la perspectiva católica, debido a que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo atentaba contra la naturaleza de las relaciones si se tomaba en cuenta que la pareja humana primigenia había sido la de Adán y Eva.

El pasado ibérico nos alcanza

La persecución de la sodomía fue una constante en los reinos de Castilla y Aragón bajo el mando de Fernando e Isabel, conocidos como “los reyes católicos” y por su empeño por eliminar a la gran cantidad de musulmanes habitantes de la península ibérica, producto de la invasión de seguidores de Mahoma desde el siglo VIII. En ese afán por purificar sus tierras de las conductas anticatólicas, en 1497, cinco años después de expandir su territorio hacia Occidente en las llamadas Indias Occidentales, promulgaron una Pragmática contra las prácticas homosexuales en la que se definía a la sodomía y al pecado nefando como la práctica del coito anal, y por tanto, eran un pecado y un delito.

En ambos casos, las penas propuestas eran la muerte en la hoguera y la cosificación de los bienes del acusado. Dicho documento surgió porque de acuerdo con los monarcas las penas impuestas en los reinos ibéricos durante el siglo XV no habían sido suficientes para acabar con las prácticas homosexuales que “eran algo abominable y perjudicaban al bien común”.

Muchas de las personas que fueron procesadas en Castilla y Aragón durante las primeras décadas del siglo XVI fueron musulmanes, a quienes solían acusar de cometer delitos contra natura. Ejemplo de esto es un juicio celebrado en Purchena, cerca de Granada, en 1528, contra Jerónimo el Guadixí, un moro dedicado a la elaboración de ollas, quien fue detenido tras haber sido delatado por dos horneros de cometer sodomía con ellos. A Jerónimo se le condenó a prisión, y no hay registro de que haya salido, mientras que a sus delatores de les envió a la hoguera por practicar la sodomía varias veces.

De manera simultánea, ante el reciente descubrimiento del territorio americano y sus habitantes, pensadores reconocidos en el mundo hispánico como Juan Ginés de Sepúlveda argumentaron que “la constante práctica del pecado nefando era una justa causa de la guerra contra los indios”.

Redefinición

Si tomamos en cuenta que los frailes y soldados provenientes de los diferentes reinos de lo que hoy en día es España estaban formados en este ambiente de persecución hacia todo aquello ajeno a la moral y costumbres católicas, la visión que se ha construido en torno a la homosexualidad en el mundo mexica prehispánico está basada en esa visión de pecado y condena de las relaciones entre hombres con otros hombres o mujeres con otras mujeres. Podría ser que a partir de nuevas lecturas críticas e interpretaciones de los códices, crónicas y documentos elaborados durante las primeras décadas del siglo XVI, sin tomar en cuenta los prejuicios asentados, y respaldadas por mayores conocimientos de las sociedades prehispánicas, sería posible una mejor visión sobre el tema, para a partir de allí, volver a comenzar la construcción de la historia de las diversidades sexuales en México.

Leonardo Bastida Aguilar 
   Texto publicado en la edición de febrero de Letra S.

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