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sábado, 24 de enero de 2015

Chile llora a Pedro Lemebel, su revolucionario de las letras.

En la madrugada de este viernes en Santiago de Chile murió el escritor Pedro Lemebel a los 62 años. Pese a que sufría un cáncer de laringe desde 2011, por el que tuvo que someterse a operaciones y tratamientos intensos, su círculo íntimo informó de que su muerte les tomó por sorpresa. No pudo participar en la última Feria del libro de Santiago en octubre, pasó las fiestas de fin de año en un hospital oncológico y tenía un pronóstico complejo. “Pero estaba en manos de Pedro decidir el momento en que iniciaría la partida”,
informó su portavoz y amigo, Héctor Núñez González, que anunció un velorio y funeral público hoy en el Cementerio Metropolitano para que la ciudadanía pueda despedir masivamente al escritor.

Fue el propio Lemebel el que informó sobre su enfermedad a sus seguidores en Chile, donde el escritor era tremendamente querido y se había convertido también en un icono popular. Lo anunció a finales de 2011, en una sala llena de sus admiradores en el centro cultural Estación Mapocho, con esa ironía e irreverencia que lo caracterizaba. Luego agregó: “Cómo es la vida... Yo arrancando del sida y me agarra el cáncer”.

Creativo, contestatario, asertivo y lúcido, Lemebel fue un artista integral que cambió la historia cultural de Chile, aunque inexplicablemente nunca se le llegó a conceder el Premio Nacional de Literatura. La marginalidad fue el motor de su trabajo y de su lenguaje propio, que lo convirtió en uno de los autores chilenos de mayor proyección internacional. Hijo de un panadero y nacido en una zona extremadamente pobre de Santiago, Lemebel saltó a las letras desde la seducción callejera. Profesor de Artes Plásticas que casi no llegó a ejercer el rechazo que despertaba, a finales de los ochenta fundó el colectivo artístico Las Yeguas del Apocalipsis, con el que montó performance atrevidas y con alto contenido político de izquierda en plena dictadura.

“Nos abrió un camino de libertad, rompió el doble estándar y nos obligó a reconocer un Chile complejo y diverso. Su aporte literario es enorme, pero sobre todo vino a cambiarnos la cabeza. Pedro nos ha permitido tener una mirada piadosa y limpia sobre territorios de la condición humana, que han sido maltratados y excluidos”, señaló la ministra de Cultura, Claudia Barattini, una de las decenas de autoridades que expresaron su pesar por la muerte del autor de Adiós, mariquita linda.

Pese a su cuadro de salud, Lemebel pudo despedirse de su público y su gente. El pasado 7 de enero, en el marco del Festival Internacional Santiago a Mil, el escritor logró salir del hospital y llegar hasta el Centro Cultural Gabriela Mistral, donde se organizó un completo homenaje a su obra bajo el título Noche Macuca. Para los presentes fue una sorpresa verlo sobre el escenario al comienzo de la función y, sobre todo, observarlo de pie mientras la sala se venía abajo con los aplausos. “Pedro, amigo, el pueblo está contigo”, le cantaban. Entre la gente estaba la presidenta, Michelle Bachelet, que reaccionó conmocionada ante la noticia de su muerte: “Pedro fue un creador incansable, un luchador social, un defensor de la libertad y una voz que nunca se apagó representando a los olvidados, a muchos que se sienten huérfanos en un país que no los representa y no los acoge”.

Lemebel ha dejado obras inéditas, según informó su editora en Planeta, Josefina Alemparte, que también señaló que, con la enfermedad, el escritor había encontrado cierta tranquilidad: “Se convirtió en alguien más sano y dejó de estar en guerra con el mundo”. Uno de los libros que no han sido publicados es el de la colección de crónicas, cartas y memorias sobre su amiga entrañable Gladys Marín, secretaria general del Partido Comunista fallecida en 2005 a causa de un cáncer.


El autor de Tengo Miedo Torero, Loco Afán y Háblame de amores era un hombre profundamente de izquierdas, aunque su rupturismo no siempre encajó. En una reunión política de la oposición a Pinochet en 1986, Lemebel llegó vestido con tacones y maquillado con la hoz y el martillo cubriendo parte de su cara. En esa ocasión leyó su manifiesto Hablo por mi diferencia, un texto que mezcla cuento, crónica y poesía. “No soy Pasolini pidiendo explicaciones/ No soy Ginsberg expulsado de Cuba/ No soy un marica disfrazado de poeta/ No necesito disfraz/ Aquí está mi cara/ Hablo por mi diferencia/ Defiendo lo que soy/ Y no soy tan raro...”.

Fuente;. http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/23/actualidad/1422046466_666461.html 

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