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miércoles, 19 de enero de 2011

Carta a los jóvenes gays que juegan con sus vidas en los cuartos oscuros

Ahora que suena constantemente la palabra 'homosexuel' en los medios de comunicación franceses por la posibilidad de legalizar las uniones entre personas del mismo sexo en esa nación, el escritor y activista gay, Gilles Leroy, publicó en la revista Nouvel Observateur una carta que tiene como finalidad sensibilizar a los jóvenes gays sobre los riesgos que se corren al participar en las orgías bareback que se llevan a cabo en los cuartos oscuros. Más que satanizar, Leroy orienta a la juventud sobre este tipo de experiencias que él también vivió. A continuación les dejo la traducción íntegra del texto.

Para comenzar quiero decirles quédense con nosotros. Les suplico que no destruyan ese cuerpo que les fue dado al nacer y del cual el mundo espera sus obras. Sí, el mundo los espera, la vida les tiende los brazos. Ningún sida, ni ningún estigma puede hacerlos más interesantes a los otros; la enfermedad los debilitará, los tratamientos les joderán la vida, es todo.
Eviten los cuartos oscuros. Los cuartos oscuros son la muerte. No sólo del cuerpo, sino de la palabra, del afecto: es la negación de lo que nos hace hombres. Y si es más fuerte que ustedes (el deseo es más fuerte que nosotros), si en verdad se divierten en ese tipo de lugares, lleven muchos preservativos. Rechacen a todo aquél que no quiera utilizar preservativo (¿por qué no se protege él mismo?). Rechacen inhalar poppers porque debilitan el disernimiento, alteran la visión y el conjunto de sensaciones, y además facilitan los actos de penetración no escogidos, no protegidos y brutales, que son puertas de entrada para el virus.
La mezcla de alcohól más poppers o alguna otra droga, pone al consumidor a merced de cualquier situación peligrosa.
Es verdad, la juventud ama el peligro. Es su romanticismo oscuro, decimos. La juventud así es, y no veo por qué una nueva generación no será seducida por lo que a mí me sedujo.
Ustedes saben que las triterapias salvan a la gente que padece sida por largos años. Pero no curan. Ustedes son jóvenes, ¿cómo podrían someterse a un tratamiento químico de por vida si no tienen conocimiento del tiempo que pasa?, del tiempo que desarma hasta a los más fuertes.
Su cuerpo es nuevo. ¿Cómo podrán imaginarse abismados por esas moléculas que afean y deforman hasta a los más robustos por culpa de las lipodistrófias?, esos desplazamientos de grasas que adelgazan la cara para inflar el vientre.
Les hablo de los cuartos oscuros porque son los que han contribuído en el aumento de las infecciones (espero que los dueños de los clubes duerman serenos sobre un manto de puños y cadáveres). Podrán decirme que existen los encuentros por internet y que el riesgo siempre está en lo desconocido, y tienen razón. Pero puedo decirles al respecto un detalle profiláctico: un encuentro pactado por internet relaciona dos cuerpos no cien.
Les hablo sin duda con el ridículo de un padre, cuestión de generación, pero un padre que sabe de corazón por lo que atraviezan, que pasó por lo mismo y que no olvida ese tipo de vida.
Pueden tacharme de ridículo, pero poco me importa que se burlen de mis palabras si la próxima vez llevan un paquete de condones en su bolsillo y la lucidez necesaria para utilizarlos.

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