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domingo, 24 de octubre de 2010

Venezuela: Los crímenes que no se cuentan.

Imagen1 copiaNo existe registro en el país sobre los delitos contra el colectivo sexodiverso


Se hacía llamar Xiomara Durán y sucedió una noche cualquiera. Caminaba por la avenida Libertador de Caracas en busca de clientes cuando recibió seis impactos de balas. No fue por venganza, ni para robarla. La explicación es otra. Durán era trabajadora sexual, pero también era transexual. Murió el 17 de mayo de 2009, la misma fecha en la que se celebra el Día Internacional Contra la Homofobia y la Transfobia.



Los que conocen del caso aseguran que se trató de un delito de odio, uno de los muchos que se cometen contra el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales en el país. Pero para las autoridades, el crimen de Durán se trató de un caso de violencia común. Y es que en Venezuela, al menos en cifras, estos delitos no existen.

Yonathan Matheus, director general de la ONG Venezuela Diversa y subsecretario para la región andina de la Ilga (asociación internacional que agrupa a organizaciones sexodiversas, por sus siglas en inglés), afirma que los números no están, no porque no existan los crímenes, sino porque no se denuncian. Explica que la denuncia es la principal herramienta para poder registrar los casos de agresión y discriminación por orientación sexual o identidad de género. Sin embargo, señala que en el país es alto el nivel de agresión y mínimo el de denuncias. El porqué: 'Hay miedo y el sistema de justicia venezolano no ofrece garantías'.

Matheus habla desde su experiencia. Desde que creó Venezuela Diversa, en 2008, comprobó que el temor de las víctimas a denunciar es la pieza que más resalta en el panorama. Su primer hallazgo, fruto del contacto con miembros del colectivo -sobre todo con transexuales-, fue alarmante: las principales agresiones que sufrían eran realizadas por policías.

La violencia verbal, la 'matraca' y la privación arbitraria de libertad resultaron ser las faltas más comunes. Los transexuales figuraron como los más afectados. Pero Matheus sabe que la violencia ha llegado a más.

Venezuela Diversa conoció el año pasado sobre el asesinato de seis transexuales en Caracas, entre los que se cuenta el caso de Xiomara Durán. Cinco fueron por impactos de bala y uno por herida de arma blanca. Ninguna fue despojada de sus pertenencias y sus allegados descartaron el móvil de la venganza.

Matheus intentó hacerles seguimiento a todos estos casos y se encontró con muchas barreras. "El Cicpc nos colocó todas las trabas posibles para que no conociéramos los detalles y los resultados de las autopsias. En la Fiscalía, solicitamos que se nos permitiera revisar los expedientes y se nos informara sobre el avance de las averiguaciones, pero nunca tuvimos respuesta. Es por eso que hay miedo".

Impunidad
Rafael Garrido, abogado y especialista en derechos humanos, explica que la impunidad de estos casos envía un mensaje claro: estos delitos pueden ser cometidos libremente, sin sanción y sin culpables. Asegura que la impunidad en Venezuela en los casos de derechos humanos es bastante alta, pero que en los relacionados con personas sexodiversas es aún mayor. 'La impunidad es la regla y no la excepción'.

Garrido señala que el miedo al agresor y a ser nuevamente víctima, y el temor a asumir abiertamente su sexualidad son fuertes obstáculos en esta situación. Alerta sobre el caso de las víctimas que legitiman la agresión: 'Asumen que al haberse parado en alguna esquina o al caminar en la noche por la calle agarrados de la mano con su pareja provocaron el ataque. Consideran que realmente no se les agredió, sino que fue una respuesta natural a lo que hicieron. Eso es muy peligroso porque terminan naturalizando la violencia en su contra'.

El especialista advierte sobre la inexistencia en el derecho penal venezolano de una mención sobre los delitos motivados por orientación sexual o identidad de género. Recuerda que, en legislaciones como la española, existe una mayor sanción para los culpables de este tipo de actos. 'Al penalizar de forma diferente este tipo de delito se envía un mensaje de que esta forma de discriminación o conducta son castigadas y rechazadas por el Estado', afirma.

Primeros pasos
El Gobierno venezolano ha dado los primeros pasos en materia de defensa de derechos humanos del colectivo sexodiverso. Desde agosto del año pasado, un grupo de ONG y la Defensoría del Pueblo establecieron una mesa de trabajo para tratar la problemática.

José Félix Rodríguez, consultor jurídico de la Defensoría e integrante de la mesa de trabajo, indica que el diagnóstico que arrojaron las primeras reuniones fue que, precisamente, no hay datos: 'Nos dimos cuenta de que tanto las organizaciones como el Estado no manejan estadísticas que respalden los casos de violaciones de derechos humanos de este grupo'.

A pesar de eso, se ha logrado avanzar. Rodríguez explica que se han establecido cuatro campos de acción: legislación, educación y políticas públicas. 'La intención es tratar la problemática desde todas las aristas', asegura. En ese escenario, esperan generar propuestas que atiendan desde la necesidad de concienciar sobre la problemática en el sector educativo, hasta la creación de leyes que frenen todos los tipos de violencia contra esa comunidad. Es un comienzo, pero Rodríguez asegura que aún falta mucho trabajo que hacer.

¿Para qué cifras?
En el país no hay cifras, pero de tenerlas ¿para qué servirían? 'En nuestra sociedad se tiende a volver invisible el asunto de la homofobia. Las cifras serían una forma de mostrarle al país que es un problema vigente y con fuerzas', opina Matheus. Rodríguez explica que los números servirían para encaminar de forma exitosa las iniciativas desde el sector público. 'En la medida en que se pueda determinar dónde se encuentran las situaciones más lesivas de los derechos humanos, se podrán dirigir de manera acertada las políticas de las instituciones'. Garrido agrega que las cifras ejercerían presión. 'Estos datos servirían como herramientas para exigir acción al Estado. Si no hay cifras, el Estado asume que el problema no existe'.
Por: Juan Carlos Figueroa
@JuanCFigueroa

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