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miércoles, 25 de agosto de 2010

La Iglesia católica no sabe que decir de los avances en los derechos gay

El reconocimiento del matrimonio gay en Portugal y Argentina, dos países muy católicos, es un nuevo indicio de una laicización de la sociedad que la Iglesia no acaba de contrarrestar con un discurso adaptado, como le pasa con la pederastia, estiman vaticanistas e historiadores.
'La Iglesia lleva mucho perdiendo puntos en estos países que antes le eran muy fieles y se está produciendo un distanciamiento progresivo de los gobiernos', observa el vaticanista Bruno Bartoloni.
Portugal y Argentina, donde un 88% y un 91% de habitantes, respectivamente, se declara católicos, acaban de legalizar el matrimonio homosexual, mientras que España, otra tierra de tradición católica, acaba de facilitar el aborto.
Sandro Magister lo interpreta como una señal de 'globalización', con 'una asimilación de los sistemas políticos europeos, también en América Latina', donde Argentina es 'la punta más avanzada de este fenómeno, que también concierne a Uruguay, Brasil, Chile y México'.
Para el historiador Alberto Melloni, la novedad es que estas evoluciones tienen que ver ahora con opciones privadas porque existe 'desde la Revolución Francesa un proceso de secularización que conlleva una emancipación de las leyes civiles respecto a los cánones morales de la Iglesia. Cada caso fue analizado desde fuera como una pérdida de influencia de la Iglesia y desde dentro como una gran catástrofe', señala.
'La crisis de autoridad de la Iglesia católica no depende de sus éxitos o no a la hora de imponer sus códigos morales o sus convicciones religiosas a los estados', afirma otro historiador, Giancarlo Zizola.
El número de católicos en el mundo no refleja una pérdida de influencia. Según estadísticas del Vaticano, el número de bautizados ha subido un 11.55% entre 2000 y 2008, de mil 45 a mil 165 millones, y ha pasado de un 17.28% a un 17.40% de la población.
Ahora bien, para estos expertos, el problema de la Iglesia hoy en día es que 'sigue con retraso la evolución de la sociedad', según el profesor Zizola.
'Pierde contacto con las nuevas generaciones', deplora el profesor Melloni, y señala que 'por primera vez en 700 años, los jóvenes no esperan tener una vida mejor que sus padres y la Iglesia se porta como si no tuviera nada que decir al respecto'.
Para el profesor Zizola, la Iglesia debe 'reconsiderar su discurso moral ante los jóvenes de hoy porque ha creado una moral de reglamentos más bien policiales y ha convertido la sexualidad en una pesadilla. El desastre es evidente', señala. Según él, en el norte de Italia, los sacerdotes han dejado de evocar estas reglas morales que se han vuelto 'completamente ineficaces'.
'En ciertos ámbitos, la Iglesia predica actitudes obsoletas', considera Bruno Bartoloni y apunta que 'el veto' de la Iglesia al divorcio, 'una conquista' para muchos, se ve como algo 'incomprensible'.
Y para ellos, el discurso de la Iglesia tampoco está adaptado a los escándalos de pedofilia que la conmocionan desde hace meses. El Papa 'ha dado el mensaje de que la severidad es la manera de solventar el problema' pero este principio es 'interminable' porque 'no será nunca bastante duro para la opinión pública que pide quemar a los culpables' y 'esto provoca una pérdida de autoridad de la Iglesia', destaca el profesor Melloni.
Para su colega Zizola, el Papa 'ha sido extraordinario' y 'tomó las riendas de la curia para impedirle seguir con su política tradicional de silencio e hipocresía', pero sigue pendiente una 'gran reforma' de la curia con el fin de delegar más poder a los obispos en sus respectivos países.

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